Aprende a distribuir la responsabilidad

No todo lo que sale mal y dependía de vos es tu culpa

Mgtr. Gabriela Vergara

10/2/20266 min read

Hay personas que sienten tanta culpa, que cargan todo el peso del mundo cada vez que algo sale mal: hacen algo que puede enojar a los demás, le fallan a alguien y esa persona deja de hablarles, cometen un error profesional o sienten que se equivocaron como madre o padre.

Esto pasa porque no saben distribuir la responsabilidad y demasiado rápido hacen una cuenta: “esto pasó por mí”. Lo que vas a leer a continuación no se trata de justificarse, buscar excusas, culpar a los demás, minimizar un error, negar el daño causado ni evitar hacerse cargo de las consecuencias. Tampoco significa repartir la culpa de una manera conveniente para sentirnos mejor o usar el contexto como explicación para todo.

Distribuir responsabilidad es reconocer con claridad qué parte realmente fue nuestra, asumirla y repararla si hace falta, sin apropiarnos también de lo que dependía de otras personas, de las circunstancias o de factores que estaban fuera de nuestro control.

Con este artículo vas a aprender a distribuir la responsabilidad de las cosas. Solo lee los ejemplos:

  • Un hijo empieza a tener problemas serios
    Persona que no distribuye:
    “Fallé como madre. Algo hice mal para que mi hijo esté así.”

Persona que sí distribuye:
“Claro que mi forma de criar influyó. Puedo revisar si fui demasiado permisiva, exigente, ausente, controladora o si hubo cosas que no vi. Pero también están el temperamento de mi hijo, su personalidad, genética, experiencias tempranas, amistades, escuela, profesores, redes sociales, relaciones afectivas, decisiones que él mismo fue tomando, cosas que no me contó, etapa evolutiva, posibles dificultades emocionales o neurobiológicas, eventos externos y experiencias que ocurrieron cuando yo ni siquiera estaba presente. Mi crianza forma parte de la historia, pero no explica por sí sola a una persona completa.”

  • Una relación termina
    Persona que no distribuye:
    “Lo arruiné. Si yo hubiese sido distinta, seguiríamos juntos.”

Persona que sí distribuye:
“Yo tuve conductas que seguramente influyeron. Tal vez fui distante, exigente, reactiva o no comuniqué bien algunas cosas. Pero también estaban las conductas de mi pareja, sus límites, sus decisiones, sus propios conflictos, expectativas diferentes, historia previa de ambos, compatibilidad, sexualidad, dinero, familia, estrés laboral, momentos vitales diferentes, heridas acumuladas, cosas que ambos dejamos pasar y circunstancias externas. Incluso si yo hubiera actuado mejor en algunos puntos, eso no significa que la relación necesariamente hubiera funcionado.”

  • Un paciente no mejora
    Persona que no distribuye:
    “Soy mala terapeuta. No pude ayudarlo.”

Persona que sí distribuye:
“Yo tengo responsabilidad sobre la calidad de mi evaluación, la intervención, el seguimiento y las decisiones clínicas que tomé. Tengo que revisar si omití algo o si había otra estrategia más adecuada. Pero el resultado también depende de cuánto el paciente aplica lo trabajado, si asiste, si oculta información, si toma medicación correctamente, su entorno familiar, relaciones, economía, nivel de estrés, condiciones médicas, historia de trauma, hábitos, sueño, consumo de sustancias, motivación, momento vital y decisiones que toma fuera de consulta. Yo puedo acompañar e intervenir, pero no puedo vivir la vida del paciente por él.”

  • Un negocio fracasa
    Persona que no distribuye:
    “Soy un fracaso. Tomé malas decisiones.”

Persona que sí distribuye:
“Puede haber decisiones mías que fueron malas y tengo que estudiarlas. Tal vez elegí mal un producto, gasté demasiado o no reaccioné a tiempo. Pero también influyeron la economía, inflación, cambios del mercado, competencia, comportamiento del consumidor, ubicación, proveedores, empleados, socios, regulación, marketing, capital disponible, momento de lanzamiento, tecnología, costos inesperados y azar. Un negocio es un sistema entero. No todo resultado negativo puede atribuirse a una única decisión.”

  • Un empleado no rinde
    Persona que no distribuye:
    “Soy mala jefa. No supe motivarlo.”

Persona que sí distribuye:
“Tengo que revisar si di instrucciones claras, si supervisé, si capacitamos bien, si las expectativas eran realistas y si el puesto estaba bien diseñado. Pero también cuentan la capacidad del empleado, su actitud, experiencia, motivación, problemas personales, comprensión de la tarea, relación con compañeros, carga laboral, salario, recursos disponibles, cultura de la empresa y su propia decisión de comprometerse o no. Liderar influye mucho, pero no convierte al jefe en responsable absoluto de cada conducta del trabajador.”

  • Alguien se enoja mucho con vos
    Persona que no distribuye:
    “Lo hice sentir mal. Entonces hice algo horrible.”

Persona que sí distribuye:
“Tengo que revisar qué dije, cómo lo dije y si fui injusta o innecesariamente agresiva. Pero la intensidad de su reacción también depende de su historia, expectativas, interpretación, experiencias previas, sensibilidad, inseguridades, estado emocional de ese día, relación que tiene conmigo, lo que esperaba obtener y hasta otras cosas que le estaban pasando. Yo soy responsable de mi conducta, no de producir exactamente la emoción que el otro debería sentir.”

  • Una operación sale mal
    Persona que no distribuye responsabilidad:
    “La operación salió mal. Fue mi culpa. Yo era el cirujano.”

Persona que sí distribuye:
“Yo era el cirujano y tengo que revisar mi parte: qué decisiones tomé, si seguí correctamente el procedimiento, si interpreté bien los estudios, si había algo que podía haber hecho distinto. Pero el resultado también dependía del estado previo del paciente, su edad, otras enfermedades, cómo respondió a la anestesia, su anatomía particular, una posible complicación inesperada, el trabajo del anestesista, enfermería, instrumental, calidad de los estudios previos, tiempo disponible, urgencia del caso y cosas que podían ocurrir aunque todo se hiciera correctamente. Yo fui un factor importante, pero no fui el único factor.”

  • Un amigo toma una mala decisión después de seguir tu consejo
    Persona que no distribuye:
    “Fue culpa mía. Yo le dije que hiciera eso.”

Persona que sí distribuye:
“Mi consejo fue un factor y puedo revisar si fui imprudente o si hablé con demasiada seguridad. Pero él conocía su situación mejor que yo, tenía información que quizá no me dio, podía pedir otras opiniones, podía decidir no seguirme, podía interpretar mi consejo de otra manera y finalmente tomó su propia decisión. Además, el resultado pudo depender de terceros y de circunstancias que ninguno de los dos conocía.”

  • Un accidente de tránsito
    Persona que no distribuye:
    “Si hubiese salido cinco minutos más tarde, esto no pasaba. Fue por mí.”

Persona que sí distribuye:
“Puedo revisar si iba rápido, si estaba distraída, si respeté las reglas y si hice algo evitable. Pero también estaban la conducta del otro conductor, visibilidad, lluvia, estado del asfalto, señalización, iluminación, tráfico, mantenimiento del vehículo, reacción de otros autos, obstáculos, timing y una combinación de circunstancias que nadie podía controlar completamente. Que yo pudiera imaginar después una manera de evitarlo no significa que yo haya causado todo.”

  • Un proyecto grupal fracasa
    Persona que no distribuye:
    “Yo tendría que haber controlado todo.”

Persona que sí distribuye:
“Tal vez yo pude organizar mejor o detectar antes algunos problemas. Pero también había tareas asignadas a otras personas, plazos impuestos desde afuera, información incompleta, recursos limitados, cambios de último momento, decisiones de superiores, errores técnicos, coordinación del equipo y responsabilidad individual de cada integrante. Que yo fuera capaz de solucionar más cosas no significa que todas fueran mi obligación.”

  • Una familia vive llena de conflictos
    Persona que no distribuye:
    “Yo tendría que mantener a todos unidos.”

Persona que sí distribuye:
“Puedo revisar si alimento discusiones, si triangulo, si evito poner límites o si tomo partido constantemente. Pero cada miembro tiene su personalidad, historia, heridas, expectativas, estilo de comunicación, decisiones y conflictos propios. También hay dinámicas familiares antiguas, diferencias generacionales, problemas económicos, enfermedades, alianzas, resentimientos y situaciones que existían antes de que yo interviniera. Yo puedo aportar a mejorar el sistema, pero no soy el sistema entero.”

  • Te despiden de un trabajo
    Persona que no distribuye:
    “Me echaron porque no soy suficientemente buena.”

Persona que sí distribuye:
“Tengo que mirar mi desempeño y reconocer si hubo errores, falta de adaptación o cosas que pude hacer mejor. Pero también puede haber reestructuración, recorte de costos, cambio de dirección, conflictos internos, decisiones políticas de la empresa, caída de ventas, necesidad de otro perfil, relación con un superior, criterios poco claros, cambios tecnológicos o simplemente una decisión organizacional que no habla de todo mi valor profesional.”

  • Alguien no te elige o no te quiere
    Persona que no distribuye:
    “No fui suficiente.”

Persona que sí distribuye:
“Puedo preguntarme si hice algo que deterioró el vínculo, pero que alguien no me elija depende también de sus gustos, necesidades, momento vital, estilo de apego, preferencias, proyectos, miedos, experiencias anteriores, capacidad para vincularse y compatibilidad conmigo. No ser elegida por una persona no significa haber fallado.”

La idea central es que una persona que sabe distribuir responsabilidad no se excluye del análisis, pero tampoco se coloca automáticamente en el centro de toda causalidad.

Piensa más o menos así:

“Veamos qué parte fue mía, qué parte fue del otro, qué parte fue del contexto, qué parte venía de antes, qué parte dependía del sistema y qué parte simplemente no podía controlar nadie.”

Ahí está el mecanismo.