Como tomar decisiones conscientemente
Asumir los riesgos, costos, pérdidas, y desventajas
Mgtr. Gabriela Vergara
7/29/20263 min read


Uno de los mayores problemas que veo cuando las personas tienen que tomar una decisión importante no es que no sepan qué hacer. Tampoco suele ser que les falte información. El problema es que no quieren asumir los riesgos y desventajas de ninguna de las opciones. Entonces quedan atrapadas buscando una alternativa mágica que les dé todos los beneficios sin ningún costo.
Quieren cambiar de trabajo, pero sin sentir incertidumbre.
Quieren terminar una relación, pero sin atravesar un duelo.
Quieren emprender, pero sin posibilidad de fracasar.
Quieren desplegar su potencial, pero sin exponerse al error, a la crítica o a la incomodidad.
Y esa opción no existe.
La vida adulta funciona de otra manera. Toda decisión tiene ventajas. Toda decisión tiene desventajas. Toda decisión tiene riesgos. Y toda decisión tiene posibilidades.
Por eso, cuando estás ante una encrucijada, te recomiendo analizar cada opción utilizando cuatro categorías diferentes.
VENTAJAS
Son los beneficios esperables e inherentes a una decisión. Son las consecuencias favorables que razonablemente se producirán si elegís ese camino.
Por ejemplo, si aceptás un empleo mejor remunerado, una ventaja es que aumentarás tus ingresos.
Si iniciás una carrera universitaria, una ventaja es que adquirirás nuevos conocimientos y credenciales.
Si terminás una relación conflictiva, una ventaja es que disminuirá tu exposición cotidiana al conflicto.
Las ventajas no son fantasías ni deseos. Son beneficios directamente asociados a la decisión.
DESVENTAJAS
Son los costos inevitables que acompañan a una decisión. Lo desfavorable que probablemente deberás asumir si elegís ese camino.
Si aceptás un empleo mejor remunerado, quizás tengas menos tiempo libre o debas viajar más.
Si iniciás una carrera universitaria, tendrás menos disponibilidad para otras actividades.
Si terminás una relación, probablemente atravesarás un período de pérdida, tristeza o adaptación.
Las desventajas no son opcionales. Forman parte del paquete.
Y aquí aparece una verdad incómoda: muchas personas no están buscando una buena decisión. Están buscando una decisión sin desventajas.
RIESGOS
Los riesgos son eventos inciertos. Son cosas que podrían ocurrir, pero también podrían no ocurrir.
Esta diferencia es fundamental.
Si alguien dice: "Si emprendo voy a fracasar", eso no es una desventaja. Es un riesgo.
"Si me cambio de ciudad voy a estar solo." Riesgo.
"Si digo lo que pienso me van a rechazar." Riesgo.
Los riesgos pertenecen al terreno de la incertidumbre.
Y muchas veces la mente los transforma en certezas para justificar la inacción.
Por eso es importante preguntarse:
¿Esto es algo que va a pasar o es algo que podría pasar?
La diferencia cambia completamente la evaluación.
POSIBILIDADES
Las posibilidades son los futuros que una decisión habilita.
No son beneficios garantizados. Son puertas que se abren.
Si emprendés, existe la posibilidad de construir algo propio.
Si te mudás, existe la posibilidad de desarrollar nuevas relaciones y oportunidades.
Si terminás una relación que ya no funciona, existe la posibilidad de construir una vida más alineada con quien sos hoy.
Si comenzás un proceso terapéutico, existe la posibilidad de desarrollar recursos internos que hoy todavía no tenés.
Curiosamente, la mayoría de las personas dedica muchísimo tiempo a pensar en los riesgos y muy poco tiempo a pensar en las posibilidades.
Ven todo lo que podría salir mal.
Pero no todo lo que podría salir bien.
Una vez que hayas analizado cada opción utilizando estas cuatro categorías, llega la parte más importante del ejercicio.
Aceptar que no existe una decisión perfecta.
Aceptar que toda decisión tiene costos.
Aceptar que toda decisión implica renuncias.
Aceptar que ninguna opción viene con garantías.
Y entonces decir:
"Elijo este camino con sus ventajas."
"Elijo este camino con sus desventajas."
"Elijo este camino con sus riesgos."
"Elijo este camino por las posibilidades que abre."
Porque tomar una decisión no significa encontrar un camino sin problemas.
Significa elegir conscientemente qué problemas, qué costos y qué riesgos estás dispuesto a asumir en favor del futuro que querés construir.
Eso es madurez.
Eso es responsabilidad.
Y eso es exactamente lo que diferencia a una persona paralizada por la incertidumbre de una persona que avanza.
Por último, cuando estés entre dos opciones, verificá algo más:
¿Realmente solo existen dos?
Muchas veces la mente plantea falsos dilemas.
"Me quedo o renuncio."
"Sigo o me separo."
"Estudio esto o aquello."
Sin embargo, cuando exploramos un poco más, aparecen terceras opciones, cuartas opciones o combinaciones que antes no estábamos viendo.
Por eso este ejercicio no sirve solamente para elegir mejor.
Sirve también para pensar mejor.
Porque una buena decisión no es aquella que elimina los riesgos y las desventajas.
Es aquella cuyos riesgos y desventajas estás dispuesto a asumir conscientemente en favor de las posibilidades que considerás más valiosas.