Programa de parejas
Reconstruir el vinculo antes que el desgaste lo destruya
PAREJAS
Mgtr. Gabriela Vergara
10/1/20255 min read


En mi experiencia como psicóloga, hacer terapia de pareja suele ser inevitable. Cuando una persona llega a consulta y el mayor estresor es el estresor vincular de pareja, siempre intento que se haga terapia de pareja en primer lugar. En primer lugar porque no me gusta hablar del ausente. Si un psicólogo habla demasiado del ausente, se tiende a caer en “sí, el es el malo, vos tenés razón” de manera casi natural. O se tiende a caer en tratar de adivinar al otro. Entonces la conversacion termina girando más "en torno al otro" que a sí mismo.
Mi enfoque trabaja muchísimo sobre eso. Sobre ayudar a dividir adecuadamente la responsabilidad. Esto es mío. Esto es tuyo. Esto pertenece al vínculo. Esto pertenece más bien a heridas previas, ansiedad, inseguridad, miedo al abandono o formas aprendidas de reaccionar.
No es constructivo trabajar desde “quién es bueno y quién es malo”. Me interesa entender dinámicas. Qué está pasando entre ambos, qué patrón se repite, qué destruye el vínculo. Porque muchas veces ambos tienen razones humanas para reaccionar como reaccionan aunque después terminen lastimándose muchísimo.
También me enfoco mucho en lo que la pareja tiene que negociar y comenzar a HACER para volver a restablecer el vínculo. Esto suele traer resultados bastante rápidos. Porque muchas parejas pasan años hablando del problema pero nunca intervienen realmente sobre la dinámica diaria que mantiene vivo el desgaste.
Trabajo muchísimo comunicación constructiva. Llegar a acuerdos. Resolver. Que la conversación no sea solamente “de problemas”. Intervengo mucho en recuperar conversación cotidiana, liviandad, reconocimiento, agradecimiento, complicidad. Que la pareja vuelva a sentirse equipo y no dos personas sobreviviéndose mutuamente.
En el proceso hay muchas técnicas de relajación conjunta, visualizaciones y herramientas de autorregulación emocional. Y algo que suele pasar muchísimo es que cada uno empieza a comprender que gran parte de sus reacciones no vienen solamente de la pareja actual sino también de su pasado, de su historia, de cómo aprendió a vincularse.
Por eso muchas veces la terapia de pareja termina derivando también en procesos individuales una vez que logran separar “qué es mio” y “qué es tuyo”. Y se enfocan en trabajar prioritariamente lo que es “mío” sin sentirse juzgados ni los malos de la película por eso. Cada quién tiene su responsabilidad -no su culpa- dentro de la relación.
Hablar de emociones es necesario. Pero es solo un primer paso. Muchas terapias quedan atrapadas ahí. Yo intento intervenir también sobre las dinámicas concretas que destruyen la relación todos los días.
Y algo que digo muchísimo es que muchas parejas son dos sistemas nerviosos desregulados chocando entre sí.
Por ejemplo, una mujer muy sensible, puede reclamar mucho porque vive determinadas conductas como abandono o falta de amor. El hombre no entiende ese sistema nervioso y siente que todo es reclamo injusto o juicio hacia él. Ella siente que él no la entiende ni la valida. Él siente que haga lo que haga nunca alcanza. Y ahí empieza el desgaste.
El desafío es aprender a comprender el sistema nervioso del otro. Dejar de juzgarse constantemente. Volver a ver las buenas intenciones en el otro. Porque muchas veces el otro sí quiere hacer las cosas bien para la pareja. Solo que lo hace desde sus propias limitaciones, su propia historia y su propia forma de sentir.
CÓMO SE DESTRUYEN MUCHAS PAREJAS
La mayoría de las parejas no se destruye de golpe sino que se desgasta lentamente. Falta de comunicación en primer lugar. Celos, infidelidad o todo lo relacionado con falta de confianza. También incompatibilidad de caracteres y sistemas nerviosos completamente distintos.
Ella le da importancia a cosas que él no. Ella reclama siempre. Él se siente constantemente juzgado y termina viéndola como reclamona. Él no sabe estar presente ni acompañar emocionalmente la casa o los hijos. Ella no logra comprender que él siente que da todo lo que puede. Y así la relación empieza a girar en círculos.
También veo muchísima gente junta por comodidad, conveniencia, presión social o miedo a quedarse sola. Muy poca gente realmente se pregunta si está construyendo una relación por convicción real. Obviamente yo no puedo ser “más papista que el papa” y empujar más por salvar una relación que la pareja misma. Debe haber ganas de trabajar en el vinculo y de preservarlo.
Por supuesto también aparecen muchísimo los problemas de límites con la familia de origen. Parejas completamente invadidas por la madre, el padre, hermanos o dinámicas familiares donde nunca terminaron de separarse psicológicamente.
La mayoría de las peleas parecen superficiales, pero abajo siempre hay algo mucho más profundo.
“Él no me ayuda con los hijos y la casa”.
Él piensa:
“Hago todo lo que puedo”.
“Él no ordena, es desconsiderado”.
Él piensa:
“Estoy cansado y ella cree que no hago nada”.
“No confío en él”.
Él siente:
“Ella no me para de controlar”.
“Ella nunca está conforme”.
Ella siente:
“Si no reclamo, no existo emocionalmente”.
“Él vive distante”.
Él siente:
“Ya no importa lo que haga porque igual termina mal”.
Y así empiezan a interpretarse negativamente todo el tiempo.
Creo que uno de los mayores problemas es que la pareja entra en un estado permanente de reclamo mutuo. Resentimiento. Expectativas no cumplidas. Nunca saben realmente qué parte corresponde a uno mismo y qué parte corresponde al otro.
Y algo importantísimo: se pierde la capacidad de ver el lado más bien intencionado del otro.
Porque muchas veces no tenés dos malas personas. Tenés dos personas agotadas, frustradas y llenas de acumulación emocional tratando de defenderse todo el tiempo. Con el desgaste dejan de registrar algo básico: que el otro muchas veces sí está intentando hacer las cosas bien para la pareja.
Cuando la pareja entra en desgaste suelen pasar cosas bastante típicas. El diálogo se vuelve imposible. Ambos toman todo como ataque. Empiezan a defenderse automáticamente. Él vuelve más tarde a casa. Ella primero reclama y después se distancia. Puede haber infidelidad o puede no haberla, pero la distancia emocional ya está instalada. Realmente el problema de fondo no suele ser la infidelidad sino toda la dinámica que lo propició. Y la desconfianza en consecuencia. Y generalmente llegan a terapia cuando todo ya está bastante roto.
También veo muchísimo que hombres y mujeres muchas veces interpretan el amor de formas distintas. Para muchas mujeres, falta de amor significa falta de presencia. Falta de escucha. Falta de compartir. Falta de participación emocional y cotidiana. Para muchos hombres, falta de amor significa sentir que nunca se reconoce todo lo que hacen o todo lo que intentan sostener.
Por supuesto hay señales graves reales: Desconfianza severa y falta de respeto severa. No leve. Severa. Aun así, creo que muchísimas parejas pueden recuperarse mientras realmente quieran salvar la relación. Mientras exista intención real de atravesar obstáculos y reconstruir el vínculo.
No hago terapia de “casi algo” ni ambigüedad, como ahora le llaman “Situationship” eternas. Trabajo con parejas reales.
Y una de las cosas más destructivas que veo es la ansiedad de querer cambiar constantemente al otro. La persona termina sintiéndose juzgada, herida, incorrecta, insuficiente. Como si nunca pudiera relajarse dentro de la relación.
Por eso una de las intervenciones importantes es trabajar una higiene básica de relación: bajar reclamos por un tiempo, hablar mucho más en modo solución, recuperar reconocimiento y agradecimiento, volver a tener conversaciones que no sean solamente tensión, problemas o reproche.
Y cuando eso empieza a cambiar, cambia muchísimo el clima emocional de la pareja.